Alerta por las actividades de grupos veganos extremistas | Red LibreMentes

Alerta por las actividades de grupos veganos extremistas.

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Cada dia vemos como estos grupos van ganando mas aceptación y acompañamiento de adolescentes y jóvenes que son atraídos por afiches y vídeos de gran impacto visual, ya que contienen mucha sangre, incluso humanos simulando ser animales para causar mayor conmoción,  muestran como se crían los animales,  traslado y sacrificio para su consumo. 
Así muchos jóvenes Movilizados por la manipulación psicológica y emocional, comienzan un largo camino dentro de estos grupos donde día a día van aplicando cada vez mas prohibiciones en Alimentos, vestimenta, vacunas y medicamentos.

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 Sus practicas irracionales son muy peligrosas para la salud mental y física, no solo de sus adeptos, sino de terceros ya que están  en contra de medicamentos derivados vacunos incluso de las vacunas, para que se comprenda mejor les dejo una lista de algunos medicamentos con derivados vacunos.
 
Heparina: Se obtiene a partir del pulmón bovino y de mucosa intestinal del cerdo. Se utiliza como anticoagulante.
 
Citoquinas: utilizadas en enfermedades autoinmunes
Sueros: se obtienen en muchos casos del ganado equino, como por ejemplo el antitetanico.
 
Crotoxina: compuesto de veneno y proteína de las serpientes .Es utilizado en tratamientos para algunos tipos de cáncer
Catgut: intestinos de oveja o caballo secados y retorcidos. Se usa para sutura quirúrgica
 
Espermaceti: presente en las cavidades del cráneo del cachalote y en las grasas vascularizadas de todas las ballenas. Se usa como excipiente farmacológico.
 
Estearina: derivado de la grasa animal; uso farmacológico.
Suero coloide: contiene albumina de huevo y gelatinas.
 
Antiinflamatorios esteroideos: Son derivados de la cortisona
.
Antitripsina alfa: se obtiene mediante ingeniería genética aplicada en embriones de vaca, oveja y cerdo. Se utiliza como tratamiento para el enfisema pulmonar.
 
Vacunas
 
 
HORMONAS
Adrenalina y sus derivados : se utiliza en reacciones alérgicas, ataques de asma, paradas.
Insulina, que es extraída del páncreas del vacuno o porcino. Se utiliza con diabeticos
 
Estrógeno: que se obtiene de la orina de la yegua preñada (estriol). Se utiliza en anticonceptivos.
 
Calcitonina : se obtiene de la tiroides del cerdo. Se usa para regular el metabolismo del calcio y el fósforo.
 
Tiroxina: hormona de la glándula tiroides, extraída de la tiroides desecada del ganado ovino y porcino. Se utiliza para tratar enfermedades causadas por deficiencias de la tiroides, como el cretinismo (hipotiroidismo congénito) y el bocio.
 
Oxitocina: se utiliza como agente para incrementar el tono uterino en la hemorragia postparto, facilitar el parto y fomentar el descenso de leche. También para evitar partos prematuros
 
Cortisona: Utilizada en gran cantidad de enfermedades como: Addison, mielomas, alergias, infecciones tuberculosas….
Progesterona
Testosterona
Hormona del crecimiento

¿COMER CARNE NOS HIZO INTELIGENTES?

 
Por otra parte hay una cadena alimenticia y miles de razones referidas a la salud y todo el proceso de vida humana que fundamentan el consumo racional de carne que estos grupos ignoran.

Podemos evitar preguntarnos: ¿Cuándo empezamos a ser inteligentes los humanos? ¿Cómo apareció nuestra inteligencia? ¿Lo hizo paulatinamente o de forma abrupta? El debate, lejos de estar resuelto, sigue siendo motivo de controversia. A partir de finales de los ochenta del siglo pasado, pero sobre todo en los noventa, fue tomando cada vez más cuerpo una explicación de corte naturalista emergentista, en la que algunos científicos sugerían que un cambio en la dieta de los homínidos que introdujo el consumo relativamente abundante de carne habría dado lugar a cerebros más grandes en los que habría podido empezar a emerger la inteligencia.

Entre estos científicos destacan Leslie C. Aiello y Peter Wheeler (Aiello & Wheeler, 1995). Según estos autores, individuos con cerebros relativamente grandes tendrían la inteligencia mínima para ser los primeros en fabricar herramientas con las que romper las cañas de los huesos para poder acceder al tuétano, en donde se hallan los nutrientes más energéticos. De este modo, una alimentación rica en grasas animales y en proteínas permitiría un aumento progresivo del volumen cerebral. Y con dicho incremento, un desarrollo progresivo de la inteligencia. En España esta tesis llegó al campo de la divulgación científica de la mano de Juan Luis Arsuaga a través de su libro: Los aborígenes. La alimentación en la evolución humana (Arsuaga, 2002).

No cabe duda de que la incorporación, en cantidades importantes, de productos alimenticios de origen animal a la dieta de los homínidos supuso el primer gran cambio en la historia de la alimentación humana. Es posible que los australopitecos ya carroñearan algo, de hecho los chimpancés cazan colobos rojos de tanto en tanto, e incluso se afirma que Orrorin tugenensis, hace seis millones de años, ya consumía algo de carne procedente del carroñeo. Pero fueron Homo habilis y Homo rudolfensis los primeros en incorporar cantidades de carne relativamente grandes a la dieta de los homínidos, procedentes del carroñeo activo.

La sustitución de una dieta casi exclusivamente vegetal (como la que tenían los australopitecos), muy rica en celulosa, por otra en la que la carne, rica en proteínas, desempeñaba un papel esencial (como la que adquirieron los primeros humanos y, a partir de ellos, todas las demás especies de Homo), ciertamente facilitó el aporte energético necesario para que aumentara el volumen del cerebro y disminuyera la longitud de los intestinos.

A partir de este dato empírico, algunos han querido ver en este cambio de orientación en la dieta de los homínidos la causa remota del origen de la inteligencia humana (Leonard, 2002). Los hay también que, yendo un paso más allá de la tesis citada, sostienen que la alimentación jugó un papel tan importante en la evolución humana como para ser la causa de la aparición del lenguaje oral (Richard Byrne, entrevista en La Vanguardia, 16.X.2002).

Sin embargo, la teoría de que comer carne contribuyó de forma esencial a que fuéramos inteligentes no es unánimemente aceptada. Por ejemplo, el genetista Stephen Oppenheimer se pregunta por qué los carnívoros por antonomasia, como los leones o la hienas, no han desarrollado una inteligencia como la nuestra (Oppenheimer, 2004). Oppenheimer observa que “para establecer una conexión directa entre dieta carnívora, empeoramiento del clima y crecimiento encefálico necesitaríamos hacer comparaciones con primates exclusivamente vegetarianos del mismo entorno y del mismo período”. Como no tenemos cráneos fosilizados de primates no homínidos de menos de ocho millones de años de antigüedad, es fácil ver las dificultades a las que nos enfrentamos a la hora de establecer hipótesis en torno a los factores que desencadenaron el gran aumento del tamaño del cerebro.

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