México: Especialistas advierten sobre el peligro Psicologico de la grupo dependencia

Organización Editorial Mexicana
14 de marzo de 2014

Beatriz de los Ríos Torres / El Sol de México

«Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable. Hay fanáticos que conservan la sangre fría, pertenecen a esa clase los jueces que sentencian a muerte a los que no han cometido más crimen que el de no pensar como ellos… Las leyes y la religión, en vez de ser para las costumbres humanas un alimento saludable, se convierten en veneno en los cerebros infectados.»

Voltaire

El tema que se tratará en este artículo es por demás difícil y controvertido. Siempre lo ha sido ya que es muy difícil distinguir entre creencia religiosa verdadera y fanatismo, entre comunidad religiosa y secta, espero esto ayude a aclarar estas diferencias.

El hablar de creencias religiosas siempre lleva a controversias ya que, como en todo, cada persona interpreta y actúa conforme a su leal entender y saber lo que la propia religión dice. Nuestra personal creencia en un Dios y en cómo llevar a cabo los lineamientos que una religión dicta, se ve influenciada por muchos factores, desde el lugar donde nacimos, la comunidad y cultura donde vivimos, la familia que nos tocó, sus costumbres y su particular forma de ver la vida y de llevar la religión. Por otro lado está nuestra propia personalidad, si tendemos o no a preguntarnos o cuestionar lo que se nos dice que hay que creer y como hay que actuar, y muchos otros factores más.

La influencia que tiene la comunidad donde nuestra familia (y la propia familia generalmente) se desenvuelve y el tipo de castigos que ésta impone a los que no siguen sus lineamientos, a veces más costumbristas que religiosos, muchas veces llevan a las personas a actuar de formas que en realidad no corresponden a sus verdaderas creencias o propias formas de pensar. La mayoría de los individuos prefieren no cuestionar o «pensar de más» por el miedo a las represalias que podría traer el estar en desacuerdo con las personas con las que convive y ama o arriesgarse al rechazo familiar y/o social, a perder una herencia, inclusive a ser expulsados de la comunidad, castigados con la indiferencia, e incluso a morir o matar. Pero también hay personas que no están satisfechas o tienen carencias y son susceptibles de caer en

fanatismos o sectas religiosas.

Este tema da lugar a muchísimos cuestionamientos éticos y morales. Se dice que la razón por la que ha habido más muertes en la historia de la humanidad ha sido por cuestiones de creencias religiosas y en el nombre de un Dios particular, ya que cada uno de esos creyentes ha tenido la firme convicción de que su religión es la única que posee la verdad de Dios, de la vida y de cómo debe vivirse y no de ninguna otra manera, so pena de ser expulsado o muerto.

La historia de la humanidad nos ha demostrado y sigue haciéndolo, que cualquier clase de sectarismo o fanatismo, es alienante y dañino, sea del color o ideología que sea. No es mi intención aquí ni criticar ni disentir con ninguna creencia o religión, únicamente el exponer los hechos y tal vez provocar un poco de reflexión que pudiera llevar a un mayor respeto por las creencias de otros pero al mismo tiempo a cuidarse de caer en situaciones dañinas. Podemos estar también en desacuerdo con las religiones que llevan a dañar a otros, pero eso ya será prerrogativa de cada persona…

Es importante distinguir entre lo que es una religión y una secta

El término religión viene del latín «religare o re-legere», que significa «religar o volver a conectar», en este caso con Dios, algo divino o algo superior.

La religión es una fe, la devoción por todo lo que se considera sagrado.

Una secta podría definirse como un grupo de personas que conforman un sistema, cuyos componentes son los miembros funcionales y las creencias que comparten, y que mantienen una estricta demarcación del límite entre el grupo y la población general. La organización interna es jerárquica y hay una figura dominante y dominadora que es líder, cuya idiosincrasia tiñe las normas y comportamiento del grupo. Los miembros se adhieren a un sistema de creencias consensuado, anteponen la doctrina por encima de la persona, tienen un alto nivel de cohesión social y emocional, son muy influenciables por las normas comportamentales, ejercen un estricto control del medio, atribuyen fuerza divina al grupo y a su líder, y hacen concesión de su existencia al mismo.

Ahora, ¿qué es un fanático o sectario? La definición según el diccionario de la Real Academia de la Lengua de la palabra sectario es: secuaz, fanático e intransigente, de un partido o de una idea.

«Los fanáticos atrevidos son gente estrecha de

miras», decía Confucio.

Pero ¿qué pasa con las personas que se vuelven fanáticos o se ven envueltos en una secta? ¿porqué algunos son más susceptibles que otros?

Existen elementos psicológicos predisponentes a ser fanáticos o verse involucrados en una secta. Entre ellos destacan los problemas emocionales, un alto nivel de neurosis con baja autoestima, tristeza crónica, sentimiento de insatisfacción, relaciones parentales e interpersonales insatisfactorias, personalidad límite, dependiente y esquizofrenia. Los episodios psicóticos agudos, estados de trance histérico, alucinaciones sensoriales, estados de enorme desesperación y ansiedad se han visto como complicaciones psiquiátricas de la militancia sectaria.

Y, ¿cómo se logra que la persona se adhiera a una secta y se vuelva fanática? Aprovechando esta

debilidad psicológica se lleva a cabo un «lavado de cerebro». En un principio, la relación del nuevo adepto con el grupo y el líder es desigual, pasiva y sumisa. Al individuo se le inculca o potencia una autoevaluación negativa de culpa e infravaloración que sólo podrá superar (le hacen creer), si pertenece al grupo y sigue sus lineamientos. El adepto idealiza a la figura castigadora del líder a la que ve llena de bondad, omnipotencia y autoridad. Así obedece y se somete voluntariamente, anteponiéndolo a todo lo demás, hasta el punto de renunciar al derecho de poseer espacios y objetos propios, y a conservar en la intimidad los pensamientos y emociones. Esto siembra el terreno para que esté disponible para ser explotado. En una segunda etapa la actitud pasa a ser activa. Una vez que la persona se ha identificado y ha hecho suyas las normas, y, por la necesidad de aprobación del líder, la obediencia se torna creativa, entusiasta y el adepto se siente impelido a satisfacer las elevadas exigencias que se le imponen. Consideran un honor la pertenencia al grupo y empieza a haber una sensación de ser superiores a la mayoría de las personas que no conocen la «verdad».

Las personas sienten que están cumpliendo con lo necesario para ganarse la aprobación del líder (quien es considerado una especie de elegido o santo) y ganarse la salvación o el cielo. Una vez que ya están en esta etapa, el líder los explota y sigue controlándolos por medio de castigos y amenazas reales o imaginarias (como que se van a ir al infierno si «pecan» según sus lineamientos), obligándolos a prometer y/o hacer votos por ejemplo de celibato o cierto tipo de sexualidad, obediencia sin cuestionamientos, espionaje de los demás y descubrirlos ante ellos para que obtengan su castigo, etc. Las personas están a su entera disposición por el lavado de cerebro y puede abusar de ellos obligándolos a cometer actos que nunca se imaginarían con el pretexto ayudarle y/o de lograr un fin último de iluminación o salvación

divina. A través de este abuso y tortura psicológica, pueden aprovecharse de las personas sexualmente, con trabajo, físicamente, para obtener dinero o

poder, etc.

Este lavado de cerebro, está tan bien hecho que, si la persona decide salirse de la secta (con la parte sana que le dicta que eso no es correcto) o es retirada de ella, conservará de por vida muchos de los traumas que le fueron grabados en el cerebro y el alma. En realidad el lavado de cerebro es un atentado contra la persona misma, su identidad y su ser verdadero, es una manipulación de su mente y un crimen contra su alma.

Una vez expuesto lo anterior, le recomiendo que, por más necesitado de creer en algo que esté, desesperado o falto de atención o amor, analice muy bien antes de pertenecer a algún culto o creencia: cómo es la gente que pertenece a él, cómo es su líder y si hay congruencia en su vida, si las personas lo idolatran como si fuera dios, si los miembros o el mismo líder le piden a sus adeptos dinero o lo comprometen a cosas fuera de lo común. Y sospeche por favor, esté

seguro antes de involucrarse.

Desde mi punto de vista, el pertenecer a un culto o religión que de verdad esté orientada a re-ligarse con lo divino, siempre inducirá a las personas a ser mejores en libertad, a elegir los mejores caminos por convicción, no por coerción ni con amenazas. Y siempre, bien llevadas, estarán orientadas a hacer el bien. La cuestión del dinero es una de las más comunes, investigue por favor antes de arriesgar su patrimonio. Las religiones en general tienen la mejor intención de ayudar al ser humano a ser mejor pero en general somos los humanos los que tergiversamos los significados con nuestras interpretaciones, nuestra hambre de poder y dinero, y muchas veces perdemos el fondo por las forma.

Le invito a ser crítico, a cuestionar, y le deseo la mejor conexión con lo divino.

FUENTE: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3322478.htm

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