#Uruguay: "Maldita manipulación" Por Washington Abdala | Red LibreMentes

#Uruguay: “Maldita manipulación” Por Washington Abdala

dom jun 7 2015

Existe un nuevo delito, que nació en Europa hace poco tiempo, para repeler actos que no tenían encuadre jurídico hasta ahora. En el mundo se lo ubica como una “nueva” figura penal a la que se le viene otorgando relevancia, porque permite alcanzar una zona del accionar humano que no tenía cobertura. La ley llega tarde; casi siempre sucede eso.

 

El delito de manipulación, así se llama, gana terreno planetario porque no pocas sectas y religiones extremas usan técnicas psicológicas sofisticadas para reclutar jóvenes —y no tanto— en sus causas delirantes y así manipulan mentes de forma poco libre. (Sí, a las causas del mundo islámico radical me refiero principalmente, pero no solo esas.)

El texto jurídico, que se viraliza por los países, conceptualmente sostiene que: “Quien mediante técnicas de condicionamiento de la personalidad o de sugestión ejercidas por medios materiales o psicológicos lleva a alguien a un estadio de sumisión continua tal que excluya o limíte de manera nítida la libertad de autoderminación recibirá una pena de dos a seis años”.

El manipulador se caracteriza por ser inaprensible y tiene la habilidad de lograr que la víctima parezca el verdadero responsable de sus actos. Esa es su clave. Lo saben bien los psicólogos especializados en este asunto. No es broma esto.

Uruguay es un país donde la “libertad de cultos” es central a nuestra idiosincrasia republicana. Tiene rango constitucional y, sin embargo, todos hemos visto que están emergiendo sátrapas que se aprovechan de ese derecho para manipular mentes, mentir sobre actos anticientíficos (como curar el cáncer de un minuto al otro si se gritan ciertas consignas) y “pedir” luego recursos —en dinero— a las personas para que esas “magias” se produzcan. Es cierto, no mandan matar a nadie. Solo roban a la gente. Y mucho.

En algunos casos son pequeñas religiones (truchas) las que producen este relato. En otros, da para inquietarse al ver el volumen de las “empresas” que están por detrás de los supuestos emprendimientos religiosos, que tienen sedes como si fueran la IBM. Hasta recursos internacionales parecen haber llegado al país en algunas de las noveles religiones que pululan. Se sabe poco de todo. Y dale que va, chin, pun, chin, pun. A nadie parece importarle un comino.

Aclaro que no estoy planteando una caza de brujas. Por el contrario, viva la libertad religiosa, pero religiosa de verdad, no como actividad que birla al ciudadano y se abusa de él por detrás de una falsa cortina de legitimidad celestial. En ese caso el Estado, la ley y la justicia deben tener un rol al cumplir. Negarlo es ser un cretino. Ser pasivo ante ello es ser cómplice.

Vamos a entendernos: no se trata de bloquear a ninguna religión, insisto. Se trata, sí, de habilitar un puente jurídico para que la justicia pueda avanzar a un territorio donde “miles” de personas son estafadas en su buena fe, esquilmadas por “supuestos religiosos” que al final son solo viles estafadores que se desenganchan del encuadre de la clásica “estafa” con un ardid de sugestiones. La voluntad se tiene que expresar libremente, nunca manejada o inducida por nadie.

Un entrañable amigo decía: ¿acaso no todas las religiones tienen una visión ficcional del mundo con relatos improbables? De acuerdo, pero ese no es el punto. No es la metafísica de las religiones la que cabe objetar, sino a una praxis que —basada en cualquier visión— termina quebrando la voluntad (manipulándola) para luego “robar” a las personas, y hasta embarcarlas en “aventuras” que pueden costarles la vida por el dramático derrotero que se toma. ¿Se capta la gravedad? ¿Se advierte que la voluntad no es libre?

Estoy seguro que tú, lector, estás pensando en más de una “entidad” acá mismo, en este pacífico país, al que quizás le caiga el sayo. Habrá que verlo porque en estos asuntos los prejuicios nos juegan siempre una mala pasada. Lo que no puede existir es un vacío legal. Si por lo menos existe la ley, luego habrá a quien pedirle que la cumpla. De no existir, nadie podrá hacer nada. Y el diablo seguirá haciendo de las suyas y algunos cobrarán por “sanatear” y no encontrarse con él en el noveno círculo del Dante. Es un poco mucho, ¿verdad?

 

FUENTE: http://www.elpais.com.uy/domingo/maldita-manipulacion.html

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