Cómo frenar un problema cada vez más complejo

La trascendencia que tuvo el tema en los últimos años, los escraches a gurúes, lo convirtieron en una preocupación cotidiana. Los que quieren una ley de sectas y los nuevos especialistas. Los que siguen con esta práctica y atraen a miles de seguidores.

 

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Jorge Rial y Luis Ventura, máximos exponentes argentinos de la información de camarines y alcobas, llevan una semana empecinados en bajar de un hondazo a Claudio María Domínguez, el verborrágico vendedor del paraíso new age que, hasta no hace mucho tiempo, se dedicaba a promover a gurúes, curanderos y grupos sectarios desde sus programas de televisión y conferencias. En la pelea, resaltan el apoyo de Domínguez a gurúes y grupos coercitivos varios.

Al mismo tiempo, en el Congreso acaba de ingresar el segundo proyecto que trata de legislar sobre un tema inexistente en los códigos legales argentinos: las sectas.

El diputado nacional kirchnerista Gustavo Rubín presentó un proyecto que busca extender a todo el país una versión de la ley cordobesa 9.891, aprobada en 2011 y reglamentada recién el año pasado, para asistir a víctimas de grupos sectarios y a sus familiares. Córdoba fue el primer lugar de Latinoamérica donde se aprobó una ley específica, aunque limitada solamente a una de sus consecuencias: los perjuicios psicológicos de las personas afectadas.

Salto a la fama

En los últimos años se han multiplicado las agrupaciones, los políticos y los profesionales preocupados por la problemática. También se ha afinado el lenguaje: ya no sólo se habla de sectas, sino de grupos y dinámicas coercitivas. La problemática ha trascendido lo religioso, con lo que antes era vinculada, y ahora se habla de prácticas sectarias en ámbitos empresariales en los que se instrumentan diversas formas de coaching , en agrupaciones políticas, en academias de artes marciales y hasta en organizaciones ambientalistas.

Córdoba, que luego de aprobar su ley durmió una larga siesta, hace pocos días trajo por primera vez a un especialista, el español Miguel Perlado, para capacitar a magistrados, a policías y a profesionales de la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito, que recibe a las víctimas de los grupos sectarios.

Carolina Monzó, la titular de la dirección, contó a este diario que desde que se aprobó la ley están recibiendo consultas muy variadas, que han asistido a numerosas personas y que, en algunos casos, han apoyado la presentación de denuncias judiciales contra grupos de características sectarias. “Recibimos a familiares que dicen tener alguna persona captada por uno de estos grupos, los acompañamos, los asesoramos y les damos todas las recomendaciones posibles para estos casos. Ellos deciden después si quieren hacer algún tipo de planteo judicial. Nuestro equipo interdisciplinario de psicólogos, abogados y asistentes sociales escucha, aconseja, los llama a no confrontar y a mantener el contacto con sus seres queridos. Estamos perfeccionándonos en este tipo de asistencia para en algún momento poder ‘rescatar’ a esas personas y poder prevenir, antes de que ingresen definitivamente a esos grupos que los terminan aislando y dañando”.

Monzó dice que han puesto especial atención cuando hay niños involucrados. “En esos casos damos inmediato aviso a la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf), con la que trabajamos estos casos”.

Cuenta que todavía no tienen una posición tomada sobre la necesidad de un ley nacional sobre sectas: “Todavía tenemos que estudiar cuidadosamente la cuestión ley. Hay que aclarar que esto no es ningún avance contra la libertad de cultos, sino contra métodos y técnicas de adoctrinamiento y captación que provocan mucho daño. Acá vemos una gran variedad de delitos: privación de la libertad, estafa, instigación al suicidio, etcétera”.

Pablo Salum preside Librementes, una asociación de ayuda a víctimas y a familiares de la grupodependencia, la fundación con mayor presencia mediática en los últimos años.

Salum ha contado su historia personal como víctima de la Escuela de Yoga de Buenos Aires, grupo que tuvo su hora de fama cuando consiguió atraer a varios políticos conocidos y en el que todavía continúa, como dirigente, la madre de Pablo.

Salum recibe docenas de invitaciones a programas de televisión todos los meses. Su presencia asegura la elevación del 
 rating, y lo tienen en pantalla durante bloques enteros. Hoy el tema vende, y mucho.

Luego de varios años de pedir por una ley antisectas, Salum cuenta por qué su agrupación, en la que también revistan varios psicólogos y abogados especializados en el tema, dejó de usar ese término. “El término secta confunde, es peyorativo, y hoy preferimos hablar de organizaciones coercitivas. Y, a diferencia de las leyes europeas, nosotros hablamos de organizaciones que vulneran los derechos humanos, los derechos del niño y la salud pública”.

Salum tiene diferencias con la Red de Apoyo para Víctimas de Sectas, con sede en Puerto Rico y con presencia en todo el continente, que ha sido de ayuda en los últimos años para muchas personas que se consideraron perjudicadas por estos grupos. “Nosotros creemos que ninguna organización sin fines de lucro va a tener éxito en la asistencia a las víctimas si no conseguimos involucrar al Estado. Por eso queremos una ley específica para que el Estado ponga su estructura para perseguir estas prácticas, para capacitar sobre este tema en las universidades a los futuros profesionales y para ayudar a las víctimas”.

Interesados

La legisladora cordobesa María Amelia Chiófalo, que tuvo un rol importante en la aprobación de la ley cordobesa, expresó en estos días su satisfacción con el proyecto presentado en el Congreso.

Además de nombres conocidos en la temática, como los del periodista Alfredo Silletta, responsable de haber masificado el conocimiento sobre el tema a través de la publicación de numerosos y exitosos libros, o los del abogado Héctor Navarro y el antropólogo correntino José Miceli, en los últimos años otros han sumado su participación.

El psicólogo Juan Manuel Otero Barrigón coordina en Buenos Aires el Centro Religare, que estudia la psicología de la religión, y ha organizado seminarios sobre abuso emocional y manipulación psicológica.

Cercanas a la agrupación de Salum, las psicólogas María 
Lourdes Molina y Cristina 
Oleaga también comienzan a ser conocidas por su vinculación con el tema.

Desde otro ámbito, un grupo de antropólogos argentinos dedicados al estudio de las creencias y religiones, una de cuyas figuras más conocidas es Alejandro Frigerio, viene pugnando por la inclusión de un abordaje del fenómeno sectario que incluya su disciplina. Cuestiona los clichés mediáticos que simplifican y empaquetan el tema, a los “expertos” de otras especialidades que más que analizar retroalimentan el mismo fenómeno que critican y terminan fortaleciendo una mirada prejuiciosa sobre la cuestión.

Mientras el tema amplía su ámbito de discusión, continúan con diferente suerte los procesos judiciales contra algunos de los más conocidos personajes de estos grupos identificados como sectarios. El riojano Ricardo Javier Ocampo, conocido como Maestro Amor, sigue libre y esperando el inicio del juicio por presunto abuso sexual contra el hijo de exseguidores suyos. Mario Darío Indij, el Maestro Mehir, ha sido dado por muerto por sus seguidores, que presentaron un certificado de defunción hace pocos meses ante la Fiscalía de Villa Carlos Paz, que lo continúa buscando. El llamado Profeta Kropp, de nombre real Néstor Corsi, ha sido enviado a juicio por ejercicio ilegal de la medicina. Otros numerosos personajes similares continúan con su rutina, sumando miles de seguidores mientras las leyes y la atención mediática no los alcancen.